Qué es un aneurisma cerebral
Es una zona de la pared de una arteria del cerebro que se debilita y se abomba, como un globo pequeño. Muchas personas viven toda su vida con un aneurisma sin saberlo. El problema aparece cuando se rompe, porque provoca una hemorragia subaracnoidea, un sangrado en el espacio que rodea al cerebro que constituye una urgencia médica grave.
No se sabe con exactitud por qué se forman, pero influyen la hipertensión arterial, el tabaquismo, los antecedentes familiares de aneurismas y algunas enfermedades hereditarias. Se detectan con más frecuencia en adultos y con un poco más de frecuencia en mujeres.
Las malformaciones arteriovenosas cerebrales son un problema vascular distinto, una maraña de vasos mal conectados que también puede sangrar, y se valoran y tratan según sus características.
Síntomas y cuándo se considera tratarlo
Cuando un aneurisma no se ha roto, a menudo no da síntomas y se descubre en una resonancia o angiografía pedida por otro motivo. Si crece puede comprimir estructuras vecinas y causar dolor alrededor del ojo, visión doble o párpado caído. Si se rompe, aparece el cuadro de urgencia que ya se describió.
- Aneurismas rotos: se tratan de urgencia, para cerrar el punto de sangrado y evitar que vuelva a sangrar.
- Aneurismas no rotos: se decide entre vigilar y tratar según el tamaño, la ubicación, la forma, la edad, los antecedentes familiares y las enfermedades de la persona.
- Los aneurismas pequeños, estables y de bajo riesgo suelen vigilarse con estudios periódicos y control de factores como la presión arterial y el tabaquismo.
La decisión de tratar un aneurisma no roto es compleja, porque el tratamiento también tiene riesgos que hay que comparar con el riesgo de que se rompa. Por eso se valora cada caso con cuidado y, con frecuencia, con otros especialistas.
Cómo se trata un aneurisma
Existen dos grandes opciones. La primera es la cirugía microvascular o clipaje: mediante una craneotomía y con ayuda de un microscopio quirúrgico, el neurocirujano llega al aneurisma y coloca un pequeño clip metálico en su base, de modo que deja de recibir sangre y se aísla de la circulación, preservando el vaso normal. A veces, cuando el clipaje no es posible, se recurre a otras técnicas microquirúrgicas para reforzar o reconstruir la arteria.
La segunda opción es el tratamiento endovascular, que se hace por dentro de las arterias, a través de un catéter que se introduce, por lo regular, desde la ingle y se guía hasta el aneurisma, donde se colocan espirales, stents o dispositivos que lo excluyen. Lo realizan especialistas en neurorradiología intervencionista o neurocirugía endovascular.
Ninguna técnica es mejor en todos los casos. Hay aneurismas que se prestan más a la cirugía y otros al tratamiento endovascular, por su forma, su ubicación o el estado de la persona. La decisión se comparte con el equipo tratante y contigo, explicando ventajas, riesgos y probabilidades de éxito de cada alternativa.
Antes de la cirugía se realizan estudios como angiotomografía, angiorresonancia o angiografía cerebral, que muestran con precisión la forma del aneurisma y las arterias que lo rodean. Después de operar, es frecuente confirmar con un estudio vascular que el aneurisma quedó excluido.
Recuperación y seguimiento
Cuando el aneurisma no se había roto, la recuperación suele ser más sencilla: unos días de hospitalización, vigilancia neurológica y regreso gradual a las actividades en las semanas siguientes, según cada caso.
Si se había roto, el proceso es más largo, porque la hemorragia puede causar complicaciones como vasoespasmo, hidrocefalia o crisis convulsivas, que se vigilan y tratan en cuidados intensivos. La rehabilitación se adapta a las secuelas que haya.
Después del tratamiento se indican estudios de control a intervalos definidos, y es muy importante controlar la presión arterial, no fumar y mantener hábitos saludables. Como en toda cirugía de cerebro, existen riesgos que se explican en la consulta antes de decidir.
Por qué atenderte con el Dr. Ojendis
En el perfil profesional del Dr. Ojendis aparecen la cirugía vascular cerebral de urgencia y el manejo de los aneurismas y de las hemorragias cerebrales entre sus áreas de atención. Se especializó en Neurocirugía con la UNAM en el Hospital General de México «Eduardo Liceaga» y cuenta con certificación del Consejo Mexicano de Cirugía Neurológica.
En la consulta se revisan tus estudios vasculares y se te explica con claridad si el aneurisma debe vigilarse o tratarse, y por qué vía. Si lo mejor es una intervención endovascular, se te orienta sobre ese camino y se coordina con el especialista correspondiente.
- Certificado por el Consejo Mexicano de Cirugía Neurológica (#1798)
- Especialidad en Neurocirugía, UNAM, con mención honorífica
- Estancia en el CHU Gui de Chauliac, Montpellier, 2024
Preguntas frecuentes
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No. La mayoría de los aneurismas, sobre todo los pequeños, nunca se rompen. El riesgo depende del tamaño, la ubicación, la forma y otros factores como la hipertensión y el tabaquismo. Por eso se valora cada caso para decidir si conviene vigilar o tratar.
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No se puede asegurar, pero se reduce el riesgo controlando la presión arterial, no fumando y evitando el consumo de drogas estimulantes. Si hay familiares con aneurismas, conviene hablarlo con el médico para valorar si hace falta un estudio.
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El clipaje se hace abriendo el cráneo y colocando un clip en el cuello del aneurisma. El tratamiento endovascular se hace desde dentro de la arteria con un catéter y no requiere abrir el cráneo. Cada una tiene ventajas según las características del aneurisma.
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No hay que alarmarse, pero sí conviene que lo valore un neurocirujano. Lleva tu estudio en disco o con enlace de imágenes para que se evalúe su tamaño, su forma y su ubicación y se decida el plan de seguimiento o de tratamiento.
Esta información es orientativa y no sustituye una valoración médica. Cada caso se decide después de revisar tu historia clínica, tu exploración y tus estudios. Descargo médico.

